martes, 23 de noviembre de 2010

ASTRUD GILBERTO & CHET BAKER: FAR AWAY


Far Away es una anécdota, una simple canción olvidada, un momento fugaz perdido en un álbum mediocre de vulgares arreglos comerciales, tal vez el peor de la carrera de la que fue musa de la Bossa Nova, Astrud Gilberto. La misma que un día había triunfado grabando la célebre Garota de Ipanema al lado de João Gilberto, Jobim y Stan Getz, vivía en 1977 un proceso de franca decadencia artística. Los gustos, el propio mundo había cambiado. Las dulces melodías de sol, playa y amor, habían quedado atrás para siempre.

El álbum se llama That Girl from Ipanema y todo en él lo condenaría al eterno olvido sino fuera por la presencia del trompetista y cantante de jazz, Chet Baker, en uno de los temas. Chet Baker, un juguete roto. Una existencia atormentada por brutales adicciones. El hombre que lo tuvo todo: belleza, fama, genio e inspiración, ahora, en 1977 intentaba regresar de un periodo de oscuridad y calamidades.

Chet Baker imprime a esta simple balada pop, compuesta por la propia Astrud, una nueva dimensión que trasciende de la banalidad del recurrente tema del desamor. Baker se muestra desnudo como un ser humano que no ha perdido únicamente a la mujer amada. Chet lo dejó todo en el camino, es un perdedor, un loser sin esperanza ni futuro, que en la barra de algún bar y con un vaso de whisky entre las manos, relata con conmovedora frialdad su triste historia, aún sabiendo que ya nadie la escucha. La letra de la canción escrita por Hal Shaper, se transforma en su voz en pura poesía:

Far away you seem so far away
When it was only yesterday
That you were, oh, so close to me

So close that every sigh
Was like the whisper of a lover's lullaby
The way the ocean loves the edges of the sky
As close as we could be

But now you're far away
So far away you're like a distant star away
And even though your hands could touch me if they tried
When love has died what more is there to say

Far Away
seguirá en el olvido, como una mota de polvo que arrastra el impetuoso viento de las modas y del propio tiempo. Nada significa en las carreras artisticas de Baker o de Gilberto. Merece sin embargo un instante para el recuerdo aunque solo sea, porque unió fugazmente, como dos barcos que se cruzan en la noche, a dos artistas que nada tenían en común, salvo una cosa, la fragilidad.