
El sello Forma del productor Roberto Quartin surgió a principios de los años sesenta en el convulso período post bossa nova en el que florecían sin cesar nuevas tendencias y movimientos en un proceso de ebullición creativa que conduciría inevitablemente a la llamada MPB (Música Popular Brasileña), término que, en su generosa amplitud, lo comprende practicamente todo. En el lapso de los seis años en que la discográfica existió (1963-69), registró Quartin un puñado de grabaciones, muchas de ellas oscuras y desconocidas, cuya verdadera trascendencia, no se ha puesto de manifiesto hasta mucho después. Entre ellas se encuentran los Afro-Sambas de Vinicius de Moraes y Baden Powell así como registros de músicos jóvenes que comenzaban entonces sus carreras como Deodato, Edu Lobo o Francis Hime. Pero todos ellos tienen algo en común, la frescura característica de algo nuevo que está naciendo. La visión idílica del mundo que reflejaba la primera oleada de la bossa nova, sus melodías jazzísticas y sofisticadas, dejaban ahora paso a una visión mas crítica de la realidad, a una música socialmente mas concienciada y con influencias folclóricas de las que la bossa nova carecía casi por completo. También hay algunos clásicos como un precioso álbum dedicado a la música de Jobim, orquestado por un jovencísimo Deodato que despuntaba ya como uno de los grandes arreglistas de su generación o discos instrumentales como el del malogrado saxofonista Victor Assis Brasil, todo un mito del jazz brasileño. Las grabaciones de Forma son, en definitiva, un valioso registro geológico de la compleja pero apasionante realidad social y musical de su época, un eslabón perdido entre la pura bossa nova de Gilberto y Menescal y todo lo que estaba por venir.