martes 23 de junio de 2009

AGUSTIN PEREYRA LUCENA. OTRA BOSSA


La bossa nova es un fenómeno universal y Agustín Pereyra Lucena es prueba de este axioma. Cuando se habla de este extraordinaro guitarrista argentino, siempre se cita la frase de Vinicius de Moraes, hablando sobre él: "Creo que nunca he visto, con la excepción de los guitarristas brasileños Baden Powell y Toquinho, nadie tan ligado a su instrumento como Agustin Pereyra. Da la impresión de que si le quitasen la guitarra, se desvanecería en música, como se muere de la amputación de un brazo". Ese fue el efecto que Pereyra produjo sobre el viejo poeta, que había conocido a los mejores músicos de su Brasil natal y el mismo efecto produjo en mí cuando lo escuché, hace ya casi treinta años, en el álbum de 1975 Sambaiana del grupo Candeias que co-lideraba junto al pianista Guillermo Reuter. Pero Pereyra nos ofrece su propia versión de la bossa nova y de la música brasileña en general. Su enfoque es menos directo o tal vez menos ingenuo que el de los compositores clásicos del movimiento que parecen reflejar, transformado en música hermosísima, su propio entorno de sol, playa, amor, felicidad y ganas de vivir. Pereyra también lo hace pero su música nos llega en ocasiones elaborada por el intelecto del músico, tocada, impregnada de inquietudes, temores, de sueños o de anhelos. El resultado es un producto artístico de calidad única, casi onírico, a veces mágico que ineluctablemente encanta y cautiva. Lastima que ninguna de sus grabaciones pueda hoy en día ser adquirida con facilidad. Pero para eso estoy yo aquí, para ofreceros al menos una pequeña muestra de la grandeza de este desconocido artista: el tema Vuelo Amazonico de su álbum de 1998, Miradas. Otro día hablaremos de otras de sus magníficas grabaciones.

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